El CEIP Las Vegas, en Valsequillo, viene sufriendo un grave problema desde hace muchos años. Sin embargo, es un problema muy diferente al de muchos colegios de Canarias. No es de profesores, donde hay los suficientes. No es de cuidadoras de comedor, donde también hay las necesaria. Su problema va más allá y hace que los más de 80 niños, más del 70% del alumnado, que van al comedor se jueguen a diario su vida.
El colegio tiene el comedor fuera del centro, a unos 200 o 300 metros. El problema es que son metros que los pequeños, vigilados por tres cuidadoras, tienen que recorrer por una carretera de doble sentido, estrecha, sin acera y, generalmente, con coches pasando continuamente por la zona ya que justo delante del comedor se encuentra uno de los restaurantes más conocidos del municipio.
Pino Jiménez, directora del centro, explica la situación: "Todos los días los niños tienen que sortear el peligro de los coches y días como hemos vivido con lluvia y viento son un caos porque pensamos que la integridad física de nuestro alumnado corre peligro. Desde hace años venimos demandando que se construya el comedor en el interior del centro escolar, que los niños no tengan que salir a la calle a disfrutar del servicio ya que los padres y madres necesitan el servicio. Se trata de crear las condiciones adecuadas para poderlo prestar y que los niños, en aras de la calidad educativa que últimamente tanto se nombra, puedan disfrutar del comedor y a continuación de las actividades en condiciones dignas".
La Consejería de Educación conoce el problema. Es más, ya está aprobada la construcción de un nuevo edificio en el que se ubicará el comedor y "las nuevas aulas que corresponden por el número de unidades que se han ido creando estos años -en los últimos años las aulas se han ido subdividiendo para poder acoger los nuevos grupos-", explica Jiménez. Sin embargo, no acaba de construirse: "Hasta la fecha, todos sabemos que se hizo el proyecto, que está hecho, pero que no sale a subasta. No sé si es un problema económico o voluntad de querer sacar el tema para adelante. No es una construcción de grandes cantidades económicas y compensa, de sobra, la seguridad de nuestro alumnado, que los niños reciban clases en condiciones más dignas", añade la directora.
"El AMPA, ya con la anterior directiva, siempre ha estado moviéndose en este sentido y buscando una solución a este problema, pero la respuesta no llega. Cuando no es que no lo sacan a concurso, o que están pendientes de una firma,..., siempre nos dan excusas. Durante todo el curso pasado esperamos una visita desde la Consejería, pero nada, el inspector territorial no aparece, siempre dándonos largas, que si tiene que ir a Fuerteventura, o a Lanzarote, terminó el curso y todavía no ha venido a hacernos la visita y, por lo pronto, no tiene previsto hacerla", apunta en este sentido Vanessa Rodríguez, presidenta del AMPA de este centro ubicado en Las Vegas de Valsequillo.
Quien sí visitó el centro a final de curso fue el viceconsejero de Educación, Gonzalo Marrero, que pudo ver la necesidad de este centro escolar de construir un comedor dentro de sus instalaciones para evitar el riesgo innecesario que se está viviendo actualmente con los pequeños: "Lamentablemente todos los días comentamos que estamos poniendo en riesgo a los niños con esta situación de traslado. Pero uno se cuestiona, suprimir un servicio tan necesario para las familias o seguir reclamando todos juntos, la comunidad educativa en peso, que el servicio se mantenga pero en condiciones de calidad, sobre todo para el alumnado. No estamos pidiendo nada para nosotros ni para los padres, sino que es el alumnado el que saldría beneficiado de estas demandas, y en consiguiente sus familias porque los padres tienen que trabajar y no tienen con quien dejar a los niños".
Al margen de la posibilidad de sufrir un atropello, en un municipio como Valsequillo la situación se agrava en otoño e invierno por la climatología. Las lluvias suelen ser abundantes y aún así los niños tienen que comer, con lo que tienen que hacer el recorrido bajo la lluvia. Por ello es fácil de imaginar la situación del agua cayendo y las cuidadoras intentando vigilar a los niños, que, especialmente en los casos de los más pequeños, 3, 4 o 5 años, ya se han llevado más de un susto por su facilidad para despistarse y salirse de la fila.
"Siempre el comedor ha estado fuera, pero el alumnado ha ido creciendo sin que se haya visto correspondido con la construcción de las infraestructuras adecuadas. Al principio trasladábamos a 20 niños, pero hoy en día trasladamos a 80 todos los días en estas condiciones, y no sólo es el traslado para allá, para comer, sino que después tienen que volver para disfrutar de las distintas actividades extraescolares que el AMPA y el Ayuntamiento ofrecen. Ahora está empezando a llover. ¿Qué hacemos? Los trasladamos sin paraguas, y entonces los niños se mojan y llegan allí empapados, con el consiguiente riesgo para su salud, o si los llevamos con paraguas no aciertan a ver los coches que vienen y corren el peligro de ser atropellados. Todo esto está generando una situación de estrés añadido a las vigilantes del comedor que ven desarrollar su trabajo en unas condiciones poco seguras para ellas".
ACFI PRESS/Texto: P. Ruiz - Fotografía: R. Blangette - Vídeo: J.C. Pitti