Esta mañana dio comienzo el juicio contra Luis R. V. por un delito de homicidio. Se da la circunstancia de que Luis R. V. es el hermano de la joven Cathaysa, brutalmente asesinada en el año 89.
Luis R. V. presuntamente mató a su amigo Alfredo González en su domicilio del barrio de El Pilar en la capital grancanaria el 12 de abril de 2007. Esa noche Luis R. V. vagaba por el barranco de La Ballena y al ver luz en el domicilio de la víctima se dirigió al mismo, ya que eran amigos desde hacía años. Poco después le propinó varios puñetazos y terminó asesinándole con un cuchillo de 12 cm. que cogió de la cocina. Le hizo un corte en el cuello que le originó una profunda herida, lo que provocó la muerte.
Se da la circunstancia de que el acusado es politoxicómano y que se encontraba en ese momento con el síndrome de abstinencia, además de sufrir un fuerte estrés porque el asesino de su hermana iba a ser juzgado por otra violación el día que Luis R. V. cometió supuestamente el crimen. El presunto asesino admitió que desde los 12 años consumía hachís y que tras el asesinato se pasó al crack y la heroína. “Mi padre me advirtió de la persona que mató a mi hermana, no hice caso” a partir de ahí el sentimiento de culpa se apoderó de él y se dio a las drogas.
En el juicio de hoy Luis R. V. ha declarado que apenas recuerda lo que sucedió “no se que me pasó por la cabeza pero parece que lo hice” admitió el acusado quien explicó que accedió al domicilio del fallecido, también drogadicto, con el fin de fumar crack, ya que el lugar era utilizado por muchos individuos como fumadero. Al poco de llegar creyó que Alfredo González le quería hacer daño y arremetió contra él, según cuenta para defenderse.
La declaración del hermano de Cathaysa ha estado plagada de incongruencias, ya que constantemente se contradecía o negaba recordar los hechos, así confirmó que vagó por Las Palmas hasta que se le pasó el efecto de las drogas y al verse lleno de sangre se dirigió a la comisaría de policía donde reconoció el crimen y entregó las llaves del piso de su amigo.
“Me vienen flashes chungos” admitió y reconoció que a menudo sufría paranoias durante las que creía que la gente le quería hacer mal, estas paranoias unas veces le producían miedo y otras, conductas violentas como cree que ocurrió la noche del crimen, aunque insistió en que existió un forcejeo entre ambos.
Pese a que reiteró que no recordaba nada Luis R. V. aclaró que “no hubo intención, no fui a matarle” y que además tenía un sentimiento de pena hacia la familia del asesinado, a la que conocía de toda la vida. La hermana del difunto declaró que tanto ella como la madre sufrían una grave depresión y estaban en tratamiento.
Los policías nacionales de homicidios que atendieron los hechos negaron que hubiera señales de forcejeo en el piso, aunque hubo contradicciones en sus declaraciones, así unos veían el cuerpo boca arriba y otros boca abajo además de manchas de sangre en otra de las habitaciones, así como orden y desorden en la vivienda.
Tras su detención Luis R. V. no quiso prestar declaración ante un juez, pero según los agentes que estuvieron con él la noche del 13 de abril, dijo que había matado a su amigo por una deuda de 300 euros y cuestiones de drogas, aunque en ningún momento se hizo oficial esta declaración por no hacerla de forma oficial.
Mañana a partir de las 9.30 continuará el juicio, en el que será un jurado popular el que dictaminará si el acusado es culpable de homicidio o no. En el caso de que lo sea se pide una indemnización de 40.000 euros a la familia y 12 años de prisión para Luis R. V., además de la obligatoriedad por parte del mismo de pagar las costas de todo el proceso judicial.
ACFI PRESS