La artrosis de cadera es una de las principales causas de los implantes de cadera en Canarias. Esta afección que suele darse especialmente entre personas de mediana y tercera edad, obliga al enfermo a vivir con dolor y es uno de los principales motivos de incapacidad. En España, 16.000 personas se someten anualmente a esta intervención. En Canarias, según los expertos que participan en el VIII Congreso de la Sociedad Canaria Cirugía Ortopédica y Traumatología (COTCAN), se implanta cada día una prótesis convencional en cada uno de los hospitales. En los últimos años, está cobrando protagonismo como alternativa a las prótesis convencionales las llamadas de resurfacing o de recubrimiento que tienen por objetivo principal conservar el hueso.
Eliminación del dolor
No existe ninguna duda acerca del principal beneficio de la prótesis de cadera, según los ortopedas. Para el paciente, significa algo tan valioso como la desaparición del dolor. Sin embargo, éste no se evapora de un día para otro y tras la operación se pueden presentar molestias durante semanas o incluso meses. La causa está tanto en la propia cirugía como en que los músculos que rodean la articulación están debilitados por el largo tiempo que han permanecido inactivos. La intervención convencional, que suele hacerse bajo anestesia raquídea (duerme el cuerpo de cintura para abajo) dura entre 90 y 120 minutos y permite que el paciente pueda moverse en pocos días ayudado por bastones.
Tras recibir el alta, el paciente debe realizar ejercicios al menos tres veces por semana durante un período no menor a tres meses, lo que mejora la movilidad de la articulación y permite hacer vida prácticamente normal, aunque no se recomienda realizar deportes de contacto. Pese a que todos los pacientes notan mejoría tras la implantación de la prótesis, no en todos los casos la recuperación es igual, ya que depende de lo lesionada que estuviera su articulación antes de la intervención.
¿Cuándo es necesario colocarse una prótesis de cadera?
Cuando la destrucción articular es grave, el afectado sólo podrá volver a desempeñar parcialmente sus actividades diarias si recurre al reemplazo de su cadera por una articulación artificial. En función de la edad y la dolencia específica de cada persona se utilizan un tipo u otro de prótesis. El más generalizado es la prótesis que se fija al hueso con cemento acrílico, utilizada en pacientes mayores de 70 años.
En este caso el hueso tiene peor calidad y la prótesis no puede adherirse correctamente. Para pacientes más jóvenes, se utilizan las prótesis de titanio, que permiten que el hueso crezca y se adhiera fuertemente a la prótesis, por lo que la fijación es más duradera y segura. En caso de desgaste, se pueden cambiar sólo los elementos desgastados y no la prótesis completa. Aunque no es muy frecuente, también se realizan prótesis mixtas o híbridas, en que una parte se fija al hueso sin cemento y la otra con cemento.
La técnica del resurfacing
“Esta técnica solamente reemplaza la parte proximal del fémur, dejando hueso virgen para facilitar su cambio dentro de 15 o 20 años, explica el especialista Rafael García Estrada. Aún así, las prótesis convencionales implantadas siguen sin superan a las de recubrimiento. “De todas las prótesis de cadera que se ponen actualmente en Canarias, sólo el 10 por ciento son de recubrimiento”, afirma García Estrada.
Rafael García Estrada también aclaró que la prótesis resurfacing no son factible para todos los pacientes: deben ser personas muy activas, jóvenes (mujeres por debajo de 55 años y hombres por debajo de 65 años) y deportistas. “Se le implanta al paciente con vistas a que le dé un uso muy intenso durante 15 o 20 años porque no va a tener problemas de desgaste ni aflojamiento y, cuando llegue el momento de cambiarla porque al paciente aún le quedan muchos años de vida, su hueso estará intacto”, afirmó el experto.
A quiénes se les implanta una prótesis
Casi el 90 por ciento de pacientes que sufren un reemplazo de cadera son personas que han superado los 55 años. En más del 80 por ciento de los casos, la enfermedad que provoca la necesidad de recurrir a una prótesis es la artrosis de cadera (dolencia que produce el desgaste del cartílago articular y provoca dolor y rigidez), aunque la articulación también puede resultar dañada por otras enfermedades reumáticas, como la artritis reumatoide. En principio se intenta aliviar los síntomas de la enfermedad con tratamientos conservadores, que tratan de disminuir el dolor y mejorar la movilidad de la articulación lesionada; sólo cuando no se consigue aliviarlo, se recurre a la colocación de una prótesis cadera, uno de los mayores adelantos de la cirugía ortopédica del siglo XX.
Riesgos asociados
Toda intervención conlleva riesgos asociados y reemplazar la cadera por una articulación artificial no iba a ser menos. En este caso, la mayor complicación potencial es la infección que puede producirse en la zona de la herida; no reviste mayor gravedad y suele tratarse con antibióticos. Existe, sin embargo, un caso que presenta problemas de mayor envergadura: que la infección se desarrolle alrededor de la prótesis, momento en que es precisa la retirada de la articulación artificial.
Además de los riesgos, en el mundo de las prótesis hay otro factor que debe ser tenido en cuenta, la vida útil de las articulaciones artificiales, que es limitada. En la mayoría de los casos, la duración de las prótesis totales de cadera supera los quince años, según afirma Enrique Recarte, presidente de la COTCAN. Superado este tiempo, debido al aflojamiento de la prótesis, es necesario cambiarla. De ahí que se recomiende efectuar controles periódicos al mes, al año a los 5 años y a los 10 años de haber implantado la prótesis.
ACFI PRESS