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Día Canarias.- Paulino Rivero afirma que el clima de confianza se mantendrá "siempre y cuando el Estado atienda las demandas y concrete los compromisos asumidos" (2 recursos y 2 totales).


El Auditorio Alfredo Kraus de la capital grancanaria vivió anoche el colofón a los actos programados por el Gobierno regional por el Día de Canarias con la entrega de los Premios Canarias y de las Medallas de Oro de Canarias. ‘Mirar siete islas y ver un solo pueblo; mirar al presente y saber que hay futuro’ es la idea que se ha querido transmitir este año desde el Gobierno de Canarias, todo a través de un planteamiento claro que expresa una forma de sentir, una manera de mirar y entender nuestra realidad.

Un sentimiento de unidad del que participan los canarios de dentro y fuera de las Islas. Unidad que, ahora más que nunca, habla también de la solidaridad que requieren unos tiempos tan difíciles. Tiempo para arrimar el hombro y saber que, a pesar de las muchas dificultades que ha traído consigo la crisis económica internacional, en Canarias hay razones para la confianza. Para mirar el presente y saber que hay futuro.

Fomentar el acercamiento entre las diferentes islas y fortalecer la cohesión social de un territorio que aspira a que todos los canarios tengan idénticas oportunidades residan donde residan han sido algunos de los objetivos de las distintas actividades celebradas.

Los Premios Canarias y de las Medallas de Oro de Canarias suponen el reconocimiento personal y colectivo a la labor realizada en distintos ámbitos. Este año, los Premios Canarias recaen en José María Millares Sall, en la modalidad de Literatura; Isidro Ortiz Mendoza, en Cultura Popular; y el Club Voleibol Tenerife, en Deportes. Las Medallas de Oro de Canarias se han concedido en esta edición a Joaquina Cubas de Saá, Cabildo de El Hierro, José Antonio Ramos (a título póstumo), Cooperativa de Quesos de Arico, Matilde Arroyo, Carlos Bastarreche, Christian Hunt y Juan José Armas Marcelo.

En lo que respecta al desarrollo del Acto Institucional, la puesta en escena elaborada para esta importante cita giró en torno a un espectáculo mutidisciplinar que recorrió las islas utilizando para ello la música, la danza, la poesía y la videocreación. Fue una representación con una marcada raíz canaria, pero al mismo tiempo cosmopolita y universal. No faltaron la música y el baile en una puesta en escena que estuvo a cargo de hombres y mujeres de diferentes Islas del más alto nivel profesional.

El acto estuvo presidido por el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, quien fue el encargado de entregar los Premios y Medallas junto al vicepresidente José Manuel Soria y a los miembros del jurado.

Discurso de Paulino Rivero

Durante el acto, Paulino Rivero leyó el siguiente discurso:

"Vivimos tiempos difíciles. No es la primera vez. Los canarios hemos hecho nuestro camino con el viento en contra. Con el viento en contra cuando la crisis vitivinícola de la segunda mitad del siglo XVIII. Con el viento en contra cuando la falta de oportunidades obligó a miles de isleños a hacinarse en barcos veleros y emprender travesías que, intentando llegar a las costas cubanas o de San Juan de Puerto Rico, en algunos casos fueron viajes a ninguna parte.

O a comienzos del siglo pasado, cuando la fuerte crisis existente en el Archipiélago por la caída del comercio exterior -con el retroceso en el cultivo de plátano, la papa y  el tomate- embarcó a tantísimos paisanos en la forzosa aventura de buscar un presente que en aquel momento las Islas les negaban.

Los canarios caminamos con el viento en contra cuando nuestra flota pesquera destinó sus barcos de vela al traslado de emigrantes canarios. Navíos para cincuenta personas que llegaron a transportar casi trescientas.

Los canarios sabemos luchar. Sabemos plantar cara a las adversidades. Sabemos sobreponernos. Sabemos aprender de nuestras debilidades y convertirlas en fortalezas. Porque nuestra historia es la de un pueblo que no lo ha tenido fácil, hemos aprendido a caminar aprovechando la fuerza del viento, de la tierra y del mar.

Al volver la vista atrás asoman las voces de un Archipiélago que en la memoria colectiva resuena cercano y tremendamente familiar. Voces y sonidos de las Islas del 'antes de ayer histórico'. Ecos de una realidad que dibuja nuestro pasado, es cierto, pero que fue el durísimo paisaje económico y social con el que convivieron nuestros padres y abuelos. Voces que hablan de lo que fuimos, que nos cuentan el 'de dónde venimos'.

Voces, sonidos y ecos que nos hablan, alto y fuerte, de cómo las dificultades han ido definiendo nuestro carácter, esculpiéndonos la forma de ser como el viento lo hace lenta pero incesantemente con nuestras montañas. Historias individuales que al sumarse arman el rompecabezas de la historia de un pueblo. Esta que rescato es la Canarias que vivieron -y en gran medida padecieron- nuestros padres y abuelos.

Estas las Islas que vieron los canarios de buena parte del siglo XX hasta que, de la mano del turismo, la gente de esta tierra vio con sus propios ojos como las fotos color sepia del hambre, la falta de oportunidades y la emigración fueron adquiriendo el color de unas Islas que, atrapadas hasta entonces en una economía frágil, dieron con el futuro que se les había resistido.

A partir de ese momento, atrás quedó un Archipiélago donde lo único verdaderamente sostenible era la pobreza. Ciertamente, las Islas que vieron los canarios de las últimas décadas del siglo pasado fueron las de un progreso hasta entonces impensable. Fueron las islas de la proliferación de oportunidades, de la multiplicación del trabajo, del desarrollo; las de la meteórica modernización de nuestras infraestructuras y servicios públicos.

Las Islas que vieron los canarios de los setenta, ochenta o noventa fueron las de una realidad que se reinventó a sí misma. Canarias entró en erupción de la mano de un potencial turístico que nos rescató del sepia y nos llenó de color. Y no. No es fácil caminar sin perder el equilibrio cuando, como fue el caso, una sociedad se ve en la posibilidad de avanzar siglos en apenas unos años. En un abrir y cerrar de ojos tuvimos que aprender y madurar a la velocidad que nos imponía un boom que no podíamos desaprovechar.

Hicimos algunas cosas mal. Pero fueron más, muchas más, las cosas que los canarios hicimos bien. Hicimos bien las cosas, y de ahí que hoy por hoy sean más, muchas más, nuestras fortalezas. Por eso es hora de que nos sacudamos el derrotismo que tantas veces nos atenaza. Hora de que los canarios nos detengamos más en nuestros aciertos que en nuestros errores.

Las Islas que vimos en las últimas décadas del siglo XX fueron las de un desarrollo galopante, las de un boom económico que nos obligó a crecer tanto cómo habíamos deseado pero más rápido de lo que habríamos querido.

Los canarios vertebramos el modelo que necesitábamos en aquel momento y en aquellas circunstancias. Otros eran los problemas, otras las recetas. Otras las preguntas, otras las respuestas. Aquella apuesta era la que Canarias necesitaba.

Es más. Ya entonces éramos conscientes de que aquella dinámica tendría que girar más pronto que tarde porque el motor económico puede ponerse a altas revoluciones un tiempo, pero no todo el tiempo.

En los ochenta y noventa aquella era la velocidad que las circunstancias demandaban, pero ya en aquel momento sabíamos que la economía canaria tendría que emprender una transición hacia un modelo que se apoyara en el turismo, pero no únicamente en el turismo. Estábamos en los primerísimos pasos de esa transición cuando la crisis del sistema financiero internacional sacudió también a Canarias.

Una crisis global que en los territorios que conforman nuestro Estado ha llegado acompañado de lo que podríamos denominar la crisis española. Una crisis añadida que ha convertido a España en el país que, con diferencia, más empleo destruye de toda Europa.

Una crisis añadida que nos lleva a que, siendo verdad que España viaja en el tren de las economías de Estados Unidos o Europa, no es menos cierto que no viajamos en el mismo vagón y que, en consecuencia, cuando otros alcancen el final del túnel pasarán meses antes de que España vea cielo abierto.

Una crisis que, lejos de inmovilizarnos, nos debe llenar de razones para tomar la iniciativa. Actuando a corto plazo, pero sin perder de vista el medio y largo. Dimensionando los problemas en su justa medida pero aprovechando esta coyuntura tan adversa para acelerar la transición hacia un modelo de desarrollo inteligente, justo y equilibrado.

Hacia una economía verdaderamente capaz de construir sin destruir, de generar riqueza y crear empleo poniendo las infraestructuras al servicio de las personas y no al revés. Las islas que vieron quienes nos precedieron fueron islas difíciles. Las que hemos visto a finales del siglo XX eran islas emergentes. Las que vemos hoy son islas capaces.

Islas capaces de plantar cara a una crisis que debemos leer sin quedarnos en las escamas del problema, que debemos interpretar sin dejarnos arrastrar por lecturas estrechas, interesadas o partidistas. Una crisis que en Canarias sí estamos afrontando. Una crisis de la que no se sale con distracciones infantiles. Una crisis que debe dejar atrás la economía del atajo y propiciar un reencuentro con la cultura del esfuerzo, la constancia, la paciencia y el compromiso.

Ya no basta con hacer las cosas. Es la hora de las cosas bien hechas. Hay quienes siguen pensando que la economía es sólo matemáticas. Se equivocan. La economía convive también con cuestiones psicológicas, introduciéndose en terrenos en apariencia 'tan poco económicos' como el estado de ánimo, la satisfacción o el orgullo que propicia el trabajo bien hecho. Es esta cultura por la que debemos apostar:

Por la cultura de las cosas hechas con responsabilidad e inteligencia. Con estas premisas, les invito a que nos hagamos una pregunta. Una pregunta que nos coloca en la ruta correcta. Conocemos las Islas que vimos y que vemos.

Ahora bien, ¿qué Islas verán los niños que protagonizan este año el spot que anuncia el Día de Canarias? ¿Qué Islas verán esos niños cuando poco antes o poco después de 2020 alcancen la mayoría de edad?

Los niños de la primera mitad del siglo XX vieron escasez. Los niños de los setenta, ochenta o noventa vieron ebullición. Los niños de hoy ven como la crisis erosiona su bienestar. Pero, ¿y los niños del anuncio?, ¿qué verán cuando crezcan los chiquillos del spot? Esa es una pregunta cuya respuesta debemos construir entre todos. Entre todos sin excepción.

Con esa perspectiva debemos trabajar. Con ese horizonte debemos organizar la agenda de la Canarias de hoy porque el futuro de una sociedad no es algo que se dirima en meses o años. El futuro requiere poner el trabajo diario al servicio de recorridos que rebasan gobiernos y legislaturas. Debemos dar respuestas a las necesidades de hoy, a las demandas inmediatas. Debemos poner el presente al servicio del futuro.

Y, en esa dirección, los canarios no podemos permitir que el proceder egoísta de quienes no ven más allá de su municipio o de su isla entorpezcan el camino de quienes 'miramos siete islas y vemos un solo pueblo'. No por sabido debemos dejar de recordar que la preocupación de los responsables públicos no debe ser cómo estará su país antes, sino después de la siguiente convocatoria electoral.

Miremos, por lo tanto, más allá. No caigamos en la trampa de distraernos con los ecos colaterales de la actualidad. Hagamos del presente una herramienta de trabajo, no un yugo que nos esclavice. Pongamos al presente a trabajar para un futuro que no puede ser otro que el de una sociedad llamada a liderar una economía verdaderamente diversificada, donde el conocimiento, la productividad, la formación y la innovación se sitúen, junto al turismo, en el centro del escenario.

Porque somos conscientes de las dificultades, estamos volcados con los que peor lo están pasando. Ahora bien, tan erróneo sería olvidar las necesidades inmediatas como limitarnos a ellas. Hay que ser más ambiciosos. Tan ambiciosos como sea necesario para dar el salto y conciliar el peso del gigante turístico con las enormes oportunidades que estamos impulsando en el sector primario o en el inaplazable lanzamiento del industrial.

Tan ambiciosos como haga falta para que, mejorando los transportes y apoyando a nuestros sectores productivos, el derecho a competir en igualdad de condiciones respecto a las economías del territorio peninsular sea más realidad que objetivo, más hecho que palabra.

Utilicemos el presente como herramienta de trabajo que nos permita acercarnos al modelo educativo que los canarios necesitan: un sistema que sea una eficaz factoría de oportunidades y no de frustraciones. Peleemos por un modelo que nos acerque a la creación o el mantenimiento del empleo.

Sigamos multiplicando esfuerzos para que el acceso a una vivienda sea un camino cada vez más corto, con menos curvas. Sigamos adelante con las indudables mejoras de nuestra sanidad. O, simplificando los procedimientos, poniéndoselo más fácil a quienes quieren generar economía. O incrementando la protección de nuestro suelo sin caer por ello en posiciones inmovilistas. Posiciones que, a pesar de las apariencias, son más conservadoras que progresistas.

Estemos aún más cerca de quienes más los necesitan. Siendo solidarios. Siendo conscientes de que tenemos en el África Occidental un doble papel que jugar, y que ya estamos jugando. Incrementando nuestra presencia en los escenarios europeos donde antes, ahora y siempre Canarias se juega buena parte de su ser o no ser. Propiciando equilibrios.

Poniendo a la economía a trabajar a favor de la cohesión social y territorial, de la igualdad de oportunidades entre los distintos territorios que conforman la realidad canaria. Una realidad, la nuestra, que no se parece a ninguna otra. Una realidad que, además de diferente, es cambiante. Si otras son las prioridades, otras deben ser las recetas, otros los pilares, otras las columnas en las que se apoye nuestro edificio legislativo. Si las cosas han cambiado, hay que cambiar algunas cosas.

Hay que ir más allá en el desarrollo y concreción de las respuestas que la Unión Europea debe articular para territorios como el nuestro. Y, porque otros son los retos, es imprescindible introducir cuantas modificaciones sean necesarias para volcar en la innovación, las energías limpias, el conocimiento o la investigación todas las potencialidades de nuestro Régimen Económico y Fiscal.

En definitiva, hay que actualizar el REF poniéndolo al servicio de un nuevo modelo económico. Pero no debemos quedarnos ahí. En idéntica línea, debemos ampliar nuestros ámbitos de decisión. Necesitamos un marco competencial para el siglo XXI.

Una demanda que, lejos de serlo de éste o aquel Gobierno, de éste o aquel partido, constituye una necesidad objetiva para la Canarias de hoy. Un marco competencial que nos permita protagonizar nuestro progreso, decidir sobre las aguas que nos rodean, estar en las decisiones que se tomen con los países del entorno, mejorar nuestras comunicaciones interiores o, por ejemplo, participar de la gestión de nuestros puertos y aeropuertos.

Necesidades, a la vista está, que nacen del sentido común. Otra es la realidad, otras deben ser las herramientas. Otro el modelo al que aspiramos, otra la arquitectura económica y fiscal en la que nos debemos apoyar. Canarias ha cambiado. Es hora de poner al día nuestras leyes básicas. No somos ni más ni menos, somos distintos. Somos, como así lo reconoce la Unión Europea, el territorio más diferente de entre los territorios del Estado.

De ahí que la relación que mantenemos con el Estado deba ser distinta respecto a otras comunidades. Una relación que siempre hemos exigido de mutuo respeto y colaboración. Una relación que, aceptadas  esas reglas del juego, de tiempo a esta parte están desenvolviéndose en un clima de confianza que deseamos duradero. Duradero y justificado.

Clima de confianza que se mantendrá en el tiempo siempre y cuando el Estado atienda en tiempo y forma las demandas que hemos trasladado; siempre y cuando se concreten los compromisos asumidos.

Nuestro deseo es mantener el actual clima de confianza. Nuestro deber es exigir la concreción, negro sobre blanco, de los compromisos adquiridos. Nuestra obligación es garantizar que el Estado cumpla con Canarias, que cumpla con la justa reivindicación de un mayor esfuerzo con el territorio que, consecuencia de su lejanía, afronta mayores dificultades.

No es este el escenario ni el momento para adentrarnos en la letra pequeña de esas demandas. Pero sí para decir, con claridad, que Canarias merece y espera soluciones justas, realistas y solidarias por parte del Estado. Si ese es el camino, seremos los primeros en valorar el esfuerzo. Caso contrario, seremos igualmente los primeros en denunciar la falta de compromiso.

En estos momentos estamos en el buen camino, y confiamos en que a lo largo del mes de junio el Estado dé razones para mantener este clima de confianza. Clima de confianza, lealtad de ida y vuelta, que debe imperar igualmente en las relaciones entre las distintas administraciones de las Islas. Lealtad que pasa por propiciar una dinámica de trabajo responsable. Lealtad que pasa por buscar, no titulares de prensa, sino soluciones realistas.

A nadie se le escapa que la coyuntura económica impone que todas las administraciones nos apretemos el cinturón. Todas. Sin excepción. Las dificultades financieras son una realidad que condiciona la acción presupuestaria, no de un escalón, sino de toda la escalera que conforma el mapa administrativo de las Islas.

Cuando desde Canarias demandamos al Estado que el modelo de financiación pase más pronto que tarde de las incertidumbres a las certidumbres no es una solicitud caprichosa. En este orden de cosas, cuando el Estado cumpla con Canarias, entonces sí, el Gobierno podrá incrementar su colaboración con nuestros cabildos y ayuntamientos. Aludo a objetivos que son, y deben ser, compartidos por todos.

También por el conjunto de los agentes sociales, de ahí que el objetivo de la cohesión social y territorial constituya una poderosa invitación a la unidad de acción, a los consensos y al diálogo que reclamé, en este mismo lugar, hace hoy un año.

Si defender el interés general de Canarias es una causa con la que todos estamos comprometidos, hagamos causa común. Seamos una sola voz, ante el Gobierno de España y las autoridades europeas. Una sola voz que sea la de todos, sin excepción.

Una sola voz que no sea la de éste o aquel gobierno, éste o aquel partido, sino la voz de un pueblo que vive una realidad diferente y, en consecuencia, necesita respuestas diferentes. Una voz, ante el Estado o Bruselas, que sea resultado de la suma de los diferentes puntos de partida.

Una sola voz, la canaria, que deber nacer de muchas voces. Voces y trayectorias como las de José María Millares Sall, Isidro Ortiz Mendoza o como la del Club Voleibol Tenerife. Voces, ejemplos, valores, como los que simbolizan José Antonio Ramos, Carlos Bastarreche, Christian Hunt, Juan José Armas Marcelo, Matilde Arroyo, Joaquina Cubas de Saá y la Cooperativa de Quesos de Arico o el Cabildo de El Hierro.

Trayectorias que nos enorgullecen como pueblo. Actitudes que nos dignifican. Éxitos que los canarios de todas las islas sentimos como propios. Voces que nos representan. Sonidos que, como el sonido del timple de José Antonio Ramos, nos acompañarán siempre. A quienes hoy reciben el Premio Canarias o las Medallas de Oro de Canarias, enhorabuena y, sobre todo, gracias.

En nombre de los canarios de todas las islas y de aquellos que viven en tantos rincones del planeta, gracias. Hoy es el día de todos. El día de quienes vivimos en las islas y el de aquellos que, en Venezuela, Cuba y otros países, estando tan lejos sentimos tan cerca. Los canarios hemos crecido caminando contra el viento.

Pero con tesón y talento aprendimos a convivir con la fuerza de nuestra naturaleza. A convivir con la fuerza del viento y del mar. A nadar a favor y no en contra de las olas. También a luchar. A sobreponernos cuando los días nos golpean. Como así ocurrió con el accidente aéreo de Barajas o cuando el mar devoró tantas vidas en Los Cocoteros.

O como así es cuando la violencia machista nos sacude. Con lo que los canarios hemos aprendido en el pasado hemos puesto a trabajar al presente. Nuestra obligación es hacer bien las cosas para que la Canarias de las próximas décadas, la que verán los niños del spot, sean islas generadoras de empleos vinculados al conocimiento y la investigación. Islas donde pese más el talento que el cemento.

En las que el sector primario haya recuperado su protagonismo. Donde la industria tenga un mayor espacio y empuje. Islas que tengan en el turismo una de sus columnas vertebrales, pero no la única. Trabajemos para que la Canarias del futuro lidere buena parte del desarrollo de los países de nuestro entorno. Para que sea una tierra de energías limpias. De gente bien preparada.

Unas islas de las que se sepa en el mundo por nuestras capacidades. Unas Islas donde la lejanía sea una fortaleza y no fuente de desigualdades. Esa Canarias es posible. En nuestras manos está conseguirlo. Muchas gracias y feliz día de Canarias".


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