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Crimen en Trapiche.- El acusado niega que tapara la cabeza de su mujer y asegura que no tenía motivos para matarla (recursos).


La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas inició esta mañana un juicio con jurado popular -compuesto por seis hombres y tres mujeres- contra Juan Carlos F.C., que en la actualidad tiene 41 años y está acusado de un delito de asesinato tras haber matado a martillazos el 19 de abril de 2005 en el barrio de Trapiche, en Firgas, a su esposa, Agustina de los Ángeles Mirabal Rodríguez. Por este delito el fiscal pide 18 años de cárcel y una indemnización a los padres y hermanos de la víctima de 80.000 euros, mientras que la acusación particular, en nombre de la madre, eleva la petición a 25 años de prisión y 300.000 euros de indemnización. 25 años piden también el Instituto Canario de la Mujer, mientras que la Delegación Especial del Gobierno contra Violencia sobre la Mujer también solicita pena de cárcel, aunque no estableció cantidad de años “por una omisión”, según aclaró su letrado, José Luis Disquete. Por su parte, la defensa solicita que se considere el delito como un homicidio y, de forma subsidiaria, como un asesinato por el que pide 15 años de cárcel.

Durante su testimonio, el acusado incurrió en numerosas contradicciones con lo declarado ante la Guardia Civil y el juzgado que instruyó el caso, según denunciaron la Fiscalía y las acusaciones. Juan Carlos F.C. insistió en que él nunca discutió con su mujer y que la idea de que se fueran a separar no era cierta: “Nuestra relación iba bien y no recuerdo que ella me dijera que se iba a ir a un piso de alquiler ni que yo le dijera que no lo hiciera que yo me quedaba a dormir en el salón. Entre nosotros no había celos ni discusiones, no sé por qué ocurrió todo esto. Yo nunca la amenacé, ni a solas ni delante de nadie, es más nunca dije ni un coño delante suya. Yo la quería montón, no sé por qué la maté”.

Lo sucedido el día de autos, según el imputado, está confuso en su mente: “Ese día hice lo de todos los días. Me desperté sobre las cinco de la mañana, le di el biberón al niño y lo dejé durmiendo en el salón. Luego subí a fumarme un cigarro a la terraza y en el cuarto de la lavadora vi el martillo. Sé que lo cogí y bajé, pero a partir de cuando iba por el pasillo no me acuerdo de nada más, sólo que cuando dejé al niño en la guardería me dije ‘¿Dios mío, Juan Carlos, qué has hecho?”.

En todo momento el acusado negó que él hubiera cubierto la cabeza de su mujer para golpearla: “Ella siempre dormía y por la noche se ponía el edredón en la cabeza”, alegó, antes señalar que él no recordaba haberle puesto ninguna manta en la cabeza y de añadir: “No tengo respuesta de por qué fui al cuarto ni por qué golpeé a mi mujer. No recuerdo cuántos martillazos le di, creo que ocho o diez. Ella no pudo defenderse porque estaba dormida, y tampoco gritó ni me golpeó”.

Juan Carlos, que tampoco recuerda haber puesto una toalla en el suelo para que la sangre de la víctima no manchara el suelo, negó que sea una persona calculadora, pero sí “maniática con el reloj”. Otra de las contradicciones alegadas por las acusaciones fue la referida al supuesto tratamiento médico que seguía el acusado, que tras asegurar que no había bebido alcohol ni tomado drogas en los días previos sí alegó que estaba tomando unas medicinas que le había aconsejado un médico al que acudía junto a su cuñado Javier.

El acusado aseguró que la relación de su mujer y de él con su suegra era “nula” y recordó que era Agustina –Tina- la que no quería saber nada de ella “porque alguna vez la había echado de casa”. Sobre las horas posteriores, asegura que tras ir a su trabajo volvió a su casa “para comprobar si Tina vivía ya que “estaba muy arrepentido de lo ocurrido y quería ayudarla”.   

Cuestionado sobre su pasado, Juan Carlos negó que su separación de su primera mujer fuera por presuntos malos tratos: “Eso no es cierto, fue por incompatibilidades porque yo bebía demasiado”. Además, recordó que tuvo una infancia difícil porque “mi padre era de los de voz, ordeno y mando” y apuntó que en el año 2000 terminó un tratamiento de siete meses en Casa Esperanza, en Agaete, para dejar atrás su problema con la bebida y las drogas.

“Yo últimamente estaba algo nervioso, tenso, con ataques de ansiedad, pero no sé por qué hice esto porque no tenía motivos, yo soy reservado, tímido, buena gente”, concluyó el acusado.

El escrito de calificaciones del fiscal señala que la madrugada del 19 de abril de 2005 el Juan Carlos dormía en el cuarto conyugal del domicilio que compartía con su esposa cuando se despertó, como hacía habitualmente, a las 05.20 horas para dar de desayunar al hijo menor, de tres años, de la pareja, que dormía junto a sus padres en la cuna. El relato de la Fiscalía, añade:

"Después el acusado dejó al niño dormido en el sillón de la habitación del televisor, se dirigió a la azotea, donde se encuentra el cuarto de lavado y trastero, y con la intención de acabar con la vida de su mujer cogió un martillo del tipo conocido como de 'orejas', de 33,5 centímetros de longitud.

Con el martillo en su poder, el acusado, que había estado dándole vueltas toda la noche a su relación con Agustina puesto que no atravesaba por un buen momento porque ella le había anunciado en reiteradas ocasiones su deseo de dejarle y finalizar la relación, marchándose de la casa con el niño, fue hacia la habitación del matrimonio para matar a su esposa, quien seguía plena y profundamente dormida. El acusado aprovechó esta situación para coger una manta y taparle a su esposa toda la cabeza, no sólo para evitar que, en el caso de que se despertara, pudiera defenderse, sino para asegurarse de que no se oyeran ni los golpes ni los eventuales gritos que su mujer pudiera dar.

Juan Carlos, plenamente consciente de sus actos y con la voluntad de matar a su mujer que sabía que no se iba a poder defender ni pedir auxilio al encontrarse dormida, golpeó con el martillo violenta y repetidamente, en al menos quince ocasiones, la cabeza de Agustina -que entonces tenía 26 años-, produciéndole once heridas de distinto tamaño y consideración, dos de las cuales ocasionaron en la víctima destrucción del tejido encefálico y resultaron mortales de necesidad, provocándole la muerte de forma inmediata.

Tras esta brutal acción, el acusado colocó en el suelo, debajo de la parte izquierda de la cama y a la altura de la cabeza de su mujer, una toalla, tratando de evitar con ello que se manchara de sangre el suelo, dejó el martillo con el que dio muerte a su esposa a los pies de la cómoda, llevó al niño a la guardería, llamó a la empresa para decir que no iría a trabajar porque tenía problemas en casa y, tras deambular por varias calles y bares de Arucas, se entregó sobre las 15.25 horas ele mismo día en las dependencias de la comandancia de la Guardia Civil de Arucas confesando ante los agentes haber matado a su esposa".

Por su parte, el relato de la acusación particular es muy similar al de la Fiscalía, aunque añade que el imputado regresó a la casa a cambiarse de ropa y que estando allí "observa si Tina respiraba, acercando la oreja a unos 30 centímetros y no oyendo nada se dijo 'está muerta', marchándose a Las Palmas. En su escrito la acusación recuerda que hay una agravante de parentesco pero además considera que el delito se comete con "alevosía y ensañamiento", aumentando "deliberada e inhumanamente" el dolor de la víctima.


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