El juzgado de lo Contencioso Administrativo número 5 de la capital grancanaria acogió en la mañana de hoy la práctica de pruebas dentro del proceso abierto por la reclamación que efectúa Antonio Pérez Ramírez, vecino del barrio de Pedro Hidalgo, en Las Palmas de Gran Canaria, que sufrió la amputación parcial de una pierna tras lo que considera una negligencia médica ya que entiende que el seguimiento que se le hizo a una quemadura que sufrió con agua en su pierna, siendo además diabético, no fue el correcto y fue clave a la hora de sufrir la amputación. Pérez Ramírez presentó la demanda contra su médico de cabecera y contra el Servicio Canario de Salud y reclama 300.000 euros, tal y como adelantó ACFI PRESS el 1 de noviembre del pasado año.
El médico de cabecera tildó durante el acto al denunciante de "mal paciente", apuntando que lo vio por primera vez en su consulta en 1995 y que desde entonces acudía de forma muy discontinua -según señaló acudió a su consulta por la quemadura el 19 de enero de 2005 cuando la última vez que había estado con él había sido en septiembre de 2003- "y no tenía hábitos de vida adecuados para un paciente con diabetes, como el consumo de alcohol o de tabaco". En este sentido las letradas del Servicio Canario de Salud recordaron que supuestamente existe una prueba que muestra que el paciente acudía de forma discontínua a las curas y que en los días en los que tenían que llevarse a cabo tras la quemadura faltó con relativa asiduidad.
"Cuando vino con la quemadura yo sabía que era diabético y como tal lo traté. Le mandé antibióticos y una pomada, además de curas con el ATS. Tras verlo el día 19 lo vi el 24 y el 2 de febrero, y todo parecía ir bien. Sin embargo, el 15 me vino con la herida en peor estado y por eso lo mandé al servicio de Cirugía del Hospital Insular con carácter preferente, aunque no sé si se tramitó. No estimé que fuera urgente", señaló el médico de cabecera de Antonio, que además recordó que hasta entonces ni el paciente se había quejado ni el ATS que le curaba le había contado nada anormal en la recuperación de la herida.
"Se derivó cuando empeoró, el día 19, aunque después no se le valoró hasta el 22 y no se actuó hasta el 24, con lo que tampoco parece muy urgente. Hay que tener en cuenta que desde que yo lo vi cuando empeoró, el día 15, hasta cuando se amputa, el 24, pasan nueve días, que en un paciente diabético es una barbaridad", añadió.
Además, el médico de Antonio se mostró extrañado porque "sigue siendo paciente mío": "Si supuestamente ocurrió todo ésto y fue a la prensa a contarlo no parece lógico que siga conmigo como médico, pero es así", señaló, aunque este extremo fue negado por los letrados de Antonio -José Carlos Ramos y Alfonso Dávila- tras el juicio, destacando que hace un tiempo que a su cliente se le ha asignado otro médico.
Por su parte, Javier Aragón, jefe de la Unidad de Diabéticos de la Clínica La Paloma, que fue quien realizó las distintas amputaciones a Antonio Pérez, resaltó que la primera cirugía que se practicó fue tan urgente "que se realizó a las seis horas de su ingreso". Además, indicó que finalmente se le acabó amputando hasta la rodilla para evitar un riesgo vital.
El doctor Aragón señaló que en pacientes diabéticos se tiene que realizar un seguimiento exhaustivo cuando presentan este tipo de lesiones: "La relación entre el médico y el paciente tiene que ser muy estrecha, con un seguimiento cada 48 o 72 horas, aunque si la infección no existe y se le realizan las curas pueden pasar más días. En cualquier caso, si hay una evolución tórpida el ATS tiene que informar al médico de esa mala evolución".
En cualquier caso, Javier Aragón negó que el ser "mal paciente" o no cuidarse provoque de por sí una posible amputación: "Llevo diez años luchando contra esa afirmación. Hay muchos factores de riesgo, pero si se asumen de forma precoz y agresiva las lesiones se obtienen mejores resultados". En este sentido fue contundente: "Una vez la herida está instaurada, el responsable de su seguimiento no es el paciente, sino el equipo médico".
Por último, los doctores que acudieron citados a instancias del letrado del médico de cabecera de Antonio defendieron, "en base a todos los documentos que hemos visto", la postura de dicho médico: "El paciente se despreocupó de su enfermedad, hubo un mal control de la misma. El doctor obró correctamente instaurando un tratamiento con curas por enfermería. En estos trece días hubo tiempo de sobra para que se complicara la herida, la derivación preferente que hizo fue correctísima. Los pacientes tienen que cuidarse, ser responsables. Hay que tener en cuenta que si remitiéramos a Urgencias todos los pacientes diabéticos que tenemos bloquearíamos el servicio".
A partir de ahora las partes deberán presentar sus conclusiones por escrito a la magistrada y posteriormente, y si no se solicitan nuevas pruebas, se dictará sentencia.
Reportaje publicado el 1 de noviembre de 2006
A continuación reproducimos el reportaje sobre Antonio Pérez que publicó ACFI PRESS el 1 de noviembre del pasado año:
Se llama Antonio y tiene 53 años. Hace ocho meses le amputaron la pierna izquierda y su vida ha cambiado completamente.
Antonio, mientras se duchaba en su domicilio, sufrió una quemadura por agua caliente en el empeine de su pie izquierdo. Al día siguiente, aquejado por el dolor, decidió acudir al centro de salud de su barrio, El Lasso, para que le observaran la herida. Fue allí, donde su médico de cabecera, una vez diagnosticada la lesión, fue remitido al ATS del centro para realizarle las correspondientes curas.
"Mi médico de cabecera sabe y conoce mi historial clínico. Soy diabético, mi madre y mi tía también lo eran..", afirma Antonio. No obstante, acudió diariamente al centro para realizarse las curas que consistían, en limpiar la zona afectada y aplicarle pomada. Pero Antonio sabía, que algo no iba bien.
"La herida tenía mal aspecto, incluso empezaba a dar mal olor", dice. Antonio comentó a la ATS, reiteradas veces, su preocupación, pero según el enfermero que le atendía, "sólo cumplía órdenes del médico de cabecera".
Pasaron los días, exactamente 43, y tras acudir un día más al servicio de ATS, es atendido por otra enfermera que sustituía al habitual. "Cuando vio mi herida se quedó la chica perpleja, ni siquiera quiso curármela y llamó enseguida a la doctora", comenta Antonio. A partir de este momento, todo se aceleró. A Antonio le enviaron de forma urgente al Hospital Insular. Una vez atendido fue remitido a consulta del departamento de cirugía vascular. Y una vez allí, lo remiten a la Clínica de la Paloma. A partir de este momento, la vida de Antonio cambiaría para siempre.
"Sólo con ver la cara de mi hija me quise quitar la vida"
En la Clínica de La Paloma deciden amputarle el dedo gordo del pie herido. "El médico fue sincero conmigo y me dijo que intentaría salvarme la pierna, pero que era muy difícil, a mi se me venía el mundo encima". Finalmente, le fue amputada la pierna izquierda a la altura de la zona infracondilea (debajo de la rodilla). Hasta que fue dado de alto unos días más tarde.
"Mi hija de ocho años entró a verme, y salió corriendo en busca de su madre, llorando. En ese momento pensé que la vida se me acababa ahí", comenta Antonio con lágrimas en los ojos.
Y es que la vida de Antonio no ha sido nada fácil. Su mujer y su hija tienen problemas de salud, y él siempre ha sido quien ha sacado a su familia adelante. "Ahora ¡qué hago!, ¡qué hago!. No puedo llevar a mi hija al parque, ni al colegio, a ¡ningún sitio!", afirma.
Pero, aún así,
Antonio se prometió que saldría adelante por la "pequeña" y "sólo por ella".
Acudió a sus sesiones de rehabilitación, hacía los ejercicios y lo único que deseaba era recibir
cuanto antes la prótesis porque, según dice, "quería salir corriendo de allí". El esfuerzo
y la voluntad hicieron que Antonio consiguiera en tiempo récord adecuarse a una prótesis que estaría
con él el resto de su vida. "Cuando recibí la prótesis, ese mismo día, jugué con mi hija al
fútbol", comenta.
La casa de Antonio ha tenido que ser reformada completamente. Y las
condiciones en las que se encuentra tanto él como su familia, no son favorables. El acceso a su
hogar es complicado. Unas escaleras, "demasiado empinadas", les hacen tener más de un
problema para salir de su domicilio.
Pero eso no es todo. Antonio ya no puede trabajar. Y la pensión que recibe no es suficiente para sacar a su familia adelante. "No sé qué hacer, si el médico hubiese sido más consciente de la situación, ahora no estaría así. Jamás falte a las curas, ni un día, desde luego que no fue por dejadez mía".
Responsabilidades
Ante esta situación, Antonio decidió demandar a su médico de cabecera por entender que existió un servicio defectuoso en la asistencia sanitaria y ha presentado un recurso contencioso administrativo contra el Servicio Canario de Salud en el que reclama 300.000 euros de indemnización.
"El dinero no me va a arreglar la vida, no me va a devolver la pierna, ni las ganas, ni las ilusiones, ni la alegría de vivir "comenta-, porque mientras mi mujer y mi hija duermen, me voy a llorar al baño, para que no me escuchen, y así me desahogo".
Reformar su casa para hacerla más adecuada a las condiciones físicas tanto suyas como las de su mujer, y poder comprarse un coche y volver a conducir para llevar a su hija a jugar al parque, es lo único por lo que Antonio mantiene la esperanza. Sólo pide una respuesta por parte de la administración del Servicio Canario de Salud, "un sí o un no", para poder así, "dormir tranquilo todas las noches".
ACFI PRESS