La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas celebró esta mañana un juicio contra José Luis R.Q., un hombre para el que la Fiscalía solicita un total de 12 años de prisión, una multa de 36 meses a razón de 12 euros diarios y una indemnización para cada una de sus dos víctimas de 18.000 euros al acusarle de un delito de prostitución y corrupción de menores.
El acusado regentaba el estando bazar 'Fortuna', del que era propietario, en la Calzada Lateral del Norte 7, en el capitalino barrio de Divina Pastora. "En la trastienda de dicho local posee un habitáculo en el que tiene instalada una cama y un ordenador. En dicho lugar, desde el verano de 2005 y hasta marzo de 2007, con intención de satisfacer sus deseos lúbricos fue haciéndose con la confianza de los menores L. y D., aprovechando su corta edad, clientes que acudían al local con frecuencia para comprar golosinas y recargar el teléfono móvil. El acusado, tras ganarse dicha confianza, les condujo en distintas ocasines al habitáculo de la trastienda, donde les dejaba usar el ordenador, averiguando de los mismos, entre otras cosas, que andaban necesitados de dinero para sus gastos, dado que sus familias no le facilitaban todo el dinero que gustaban disponer", señala el escrito de calificaciones de la Fiscalía.
Ernesto Vieira, fiscal que firma el escrito y que participó en la vista oral celebrada hoy, añade: "Conociendo todo ello, el acusado se fue insinuando sexualmente a los menores, quienes, no obstante mostrarle su rechazo, fueron convencidos paulatinamente a realizar diversos actos de carácter sexual con el acusado a cambio de recargas gratuitas de saldo telefónica y de cantidades en metálico que iban desde los nueve a los treinta euros, dependiendo de la naturaleza concreta del acto sexual que solicitaba. Los menores aludidos, no obstante tener inclinaciones heterosexuales, accedieron por interés crematístico a las pretensiones del acusado, con el que mantuvieron en numerosas ocasiones relaciones sexuales consistentes en masturbaciones, felaciones o penetraciones anales, que alguna vez se realizó con la participación simultánea de los tres, recibiendo siempre a cambio una cantidad o la consabida recarga telefónica. En alguna de las ocasiones el acusado ponía en el ordenador una película pornográfica con el fin de despertar en los chicos el deseo de realizar dichos actos. De forma aislada, el acusado llegó a llevar a su domicilio a los menores, realizand allí las conductas descritas. Con frecuencia el encuentro para la realización de dichas conductas tenía lugar a primera hora de la noche, ocasiones en las que el acusado pedía de los menores que mostraran sigilo al entrar y salir del local. Los menores han visto afectado su desarrollo personal como consecuencia de los hechos narrados".
Durante el juicio, José Luis R.Q. admitió que durante bastante tiempo estuvo dando dinero a los jóvenes o recargando sus móviles porque "conocía su situación y sus necesidades", llegando incluso a irse con L. a Tenerife: "Me dijo que quería salir de la isla, yo le dije que le pidiera permiso a su madre y al día siguiente nos fuimos porque me dijo que la madre le dio autorización. Fuimos al Teide y ese mismo día por la tarde ya estábamos de vuelta".
El acusado admitió que los menores habían estado en una oficina que él tiene cerca de la tienda enganchados a internet y en el messenger, y negó en todo momento haberles agredido sexualmente, aunque sí reconoció haberse masturbado junto a L., "aunque cada uno por su cuenta": "L. me solía preguntar por temas sexuales y me contaba sus experiencias. Yo le dejaba el ordenador para que bajara cosas para trabajos del instituto, pero una vez llegué y lo pillé masturbándose por el messenger y al otro lado estaba el señor que me ha puesto esta denuncia. Mi reacción fue decirle que aquello no estaba bien y que me estaba fallando a la confianza que había depositado en él. Con posterioridad él me incitó a masturbarnos juntos y en dos o tres ocasiones caí como un tolete. Cada uno se masturbaba a sí mismo, nada con el otro, y yo nunca he pagado por eso, nunca he tenido actos sexuales con ellos. Estábamos vestidos, con los pantalones subidos y las braguetas abiertas, pero sólo hubo masturbación, ni penetración ni felación".
"Sinceramente creo que este señor me ha denunciado por cuestiones económicas, pensando en un dinero que no tengo. Una vez me llamó para decirme que si no le pagaba me denunciaba, pero yo no lo conozco de nada y no entiendo a qué viene todo esto", añadió, señalando que nunca había dado más de diez euros a los menores y negando que les hubiera llevado a su casa.
Por su parte, los dos menores sí aseguraron que habían mantenido relaciones sexuales con el acusado, aunque admitieron que nunca fueron forzados y que siempre recibieron dinero a cambio de esas relaciones. D. aseguró que había realizado y recibido felaciones y que había penetrado analmente al acusado, siempre sin preservativos, pero no había sido penetrado "porque lo intentó una vez y me dolió y me quité". Además afirmó que ambos y L. habían formado tríos en alguna ocasión.
"Yo necesitaba el dinero y por eso lo hacía, pero nunca me engañó ni me forzó, siempre fue voluntaria y conscientemente. Lo que más me pagó fueron 12 euros, y cuando menos tres o cuatro", afirmó el joven, que aseguró que tras los hechos no ha necesitado la figura de un psicólogo para recuperarse", indicó D.
L., por su parte, coincidió con su amigo en buena parte del relato, resaltando que los tríos existieron y que siempre que mantenía esos contactos sexuales recibía dinero a cambio y por ello "ya me había acostumbrado, no pedía dinero en casa, sino directamente iba a la tienda", donde lo máximo que recibió fueron "30 euros". A diferencia de D., L. sí admitió que además de las felaciones, las penetraciones también fueron mutuas y sin preservativos.
En cuanto a la denuncia, que fue formulada por Miguel Ángel Beltrán, L. recordó que él era voluntario de Cruz Roja y se lo contó a un amigo que a su vez se lo dijo a Beltrán: "Él vino a hablar conmigo y luego, charlando por teléfono, yo le conté lo que pasaba. Él me grabó y luego vino la denuncia, pero yo no sabía nada".
Durante su relato, L. tuvo varias contradicciones con la declaración que poco antes hizo el denunciante, Miguel Ángel Beltrán, coordinador de Cruz Roja, ya que el menor aseguró que su amigo tenía cámara web en su ordenador y que en alguna ocasión le había dado dinero mientras Beltrán negó ambas circunstancias.
El denunciante afirmó que se había enterado por otro joven lo que ocurría con L. y que le pareció muy fuerte, por lo que acudió a la Policía Local y a su vez le remitieron a la Policía Nacional. "Yo grabé una conversación con L. y luego se la puse a los agentes, que me dijeron que para poder actuar tenía que presentar una denuncia, y así lo hice", indicó.
José Mario López Arias, defensor del acusado, señalaba que aunque inicialmente iba a pedir la nulidad de las actuaciones ya que la denuncia la formula un señor que nadie conoce y no un familiar, un tutor o la Fiscalía, como marca la ley, finalmente pide la libre absolución: "Aquí se ha comprobado que mienten. Si no fuera por la indemnización, diría que son cosas de críos, pero es que hay amenazas por teléfono. Además, una sentencia de 1 del 98 dice que si un señor paga dinero sin forzar ni engañar a un menor no hay delito, a nosotros nos acusan de corrupción de menores y prostitución, no de agresión sexual ni de abusos, esa sentencia lo dice. Otra cosa sería que iniciara a la prostitución de los menores, pero si este señor se favoreció fue por dinero, no hubo fuerza, ni engaño ni nada, si no se da a otro al menor, sino que se beneficia uno mismo, esa sentencia señala que no hay delito".
ACFI PRESS